
Por Alfredo Rodríguez
La actividad mar afuera, al sur de Puerto Rico, para los meses de marzo y abril siempre se ha caracterizado por su intensidad. Muchos dorados de cardumen de buen tamaño pasan por este lugar en su inmigración anual en esta época. Los pescadores deportivos desde Guayama hasta Cabo Rojo han disfrutado de esta bonanza en aguas del Caribe por décadas. A tono con esta bonanza, el 26 de febrero,
tuve el privilegio de disfrutar de un buen día de pesca en el Club Náutico de Ponce. Tito Muntaner, de la embarcación Picarona fue mi anfitrión. A continuación, compartimos un relato de este interesante día de pesca.
Zarpamos desde el Club a eso de las 8:00 a.m. Víctor trabajaría los controles, Luis Felipe, Tito y yo en la cubierta para manejar las varas. El día amaneció soleado y con una buena brisa desde el sureste. Un persistente oleaje entre 5 y 8 pies prevaleció durante toda la jornada. Navegamos hacia el sur hasta encontrar una tijereta a un par de millas al suroeste del islote Caja de Muertos.
Se abordó el primer dorado del día en la caña de Tito después de trabajar en rato la tijereta. También se tiró una aguja azul pequeña, la cual no se anzueló. Recogimos las carnadas y continuamos en carrera mar afuera a la búsqueda de más pájaros. Para el record, localizar uno o varios pájaros en el horizonte es la táctica más efectiva para capturar presas de buen tamaño en este pesquero.
Aparecieron varias corrientes, de sargazo y/o marlin weed entre 26 y 30 millas náuticas en alta mar.
Alguna que otra tijereta produjo cinco capturas adicionales de dorado. Cuando llegó el momento de embicherar el bull, un ejemplar de 28 a 30 libras, tuve problemas con el nudo del fuete. En el esfuerzo por
asegurar la captura me enrollé el fuete en mi guante. Esta acción trajo como consecuencia que el nudo al anzuelo reventase antes de yo pudiera embicherar el peje. La moraleja ¡no toque el fuete antes de embicherar un dorado grande, punto!
Todas las capturas se lograron antes de las 10:00 a.m. El capitán continuaba rebuscando las corrientes de sargazo. Nos fuimos acercando al sector Ventana entre 15 y 20 millas náuticas frente a Guayanilla. A eso
de las 3:00 p.m., una aguja azul se tiró en lavara de Tito. El doctor clavó el peje, mientras Víctor, Luis Felipe y yo retiramos los teasers y las carnadas a toda velocidad.
Mientras se recogían las dos carnadas restantes, mi balajú se enredó con el de Luis Felipe. Justamente cuando tengo la carnada en la popa del bote, otro marlin azul salió como un demonio desde la profundidad e ingirió la carnada con el otro balajú enredado.
¡Ahora teníamos una dupleta de marlin! Por suerte, el fuete de Luis Felipe se partió al hacer contacto con el peje en la carrera inicial Tito y yo continuamos en pelea con nuestras respectivas presas. El mar estaba bien “malo”; ambos ejemplares se anzuelaron en línea liviana (30#) y soplaba una fuerte brisa.
Tito logró acercar su peje bastante rápido a la popa de la Picarona. Sin embargo, unos instantes antes de que el nudo llegase al tip de la vara, el marlín se fue de nuevo en fulminante carrera.
Luego comenzó a brincar como un loco y logró reventar la línea. Esto se conoce en el argot de la pesca
como un California Release. Nada, así es lapesca deportiva.
Mientras esto ocurría, mi peje dio un gran espectáculo al correr unos 30 a 50 pies con la mitad de su cuerpo fuera del agua en direcciones opuestas. Esto ocurrió por lo menos en cuatro ocasiones corridas. Luego se fue en una larga carrera, me vació medio carrete y se fondeó. Esta situación me obligó a
usar el gimbal en la silla de pescar. La tortura apenas comenzaba.
Media hora más tarde y después de una intensa lucha, logré acercar el marlin al costado de la lancha. Tito marcó el ejemplar, le removió el pequeño anzuelo y lo revivió. Luis Felipe le tomó un video con un teléfono celular y se liberó la aguja azul. El pejecito fue estimado en 90 a 100 libras. Se organizó la cubierta y se enfiló el bote de regreso a Ponce.
El tortuoso viaje de regreso nos tomó una hora y media. Las condiciones marítimas eran sumamente incómodas. El capitán se ocupó de no forzar mucho la embarcación aunque la misma se comportó muy bien de frente al embravecido mar de febrero al sur de Ponce.
Tito me comentó que en estas aguas fue en donde se pulió como pescador de dorados a bordo de distintas embarcaciones Ponceñas.
Me manifestó su satisfacción de volver a navegar desde su antiguo alma mater, el Club Náutico de Ponce. En efecto este fue un magnífico día de pesca. La jornada terminó en el escamado del Club. Se fileteó la pesca, alimentamos los sábalos en el muelle con las pieles de los dorados y compartimos en franca camaradería con los compañeros pescadores en Ponce. El Ponce Yacht & Fishing Club cuenta con unas excelentes instalaciones. Su marina se mantiene en condiciones óptimas. Para resumir, el pesquero al sur de la Isla para los primeros meses del año es altamente recomendable para la pesca deportiva. ¡Diviértase, pesque inteligentemente y con mucho cuidado! ¡Cambio y fuera!
Fuente:laregatapr.com
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